martes, 23 de marzo de 2010

Televisión y otros inventos

¿A cuántos de vosotros os parece mal que vuestros hijos tengan un televisor en su cuarto y se enclaustren en su habitación para verla solos, sin vuestra coartadora presencia?

Me gustaría hacer una encuesta, porque soy un bicho raro. Mi hija mayor solo tiene siete años, pero ya me he sentido tentada alguna vez a mandar a paseo todos los televisores de la casa con el objetivo de poder mantener una conversación con ella sin tener que oír "mamaaaaaaa... ¿puedo irme a ver los dibujos?". Así que me las ingenio para reducir las horas de televisión a las mínimas imprescindibles. Y entonces me encuentro con que estoy haciendo de ella, y por ende, de su hermano menor aunque más difícilmente engatusable, los verdaderos bichos raros. Porque en su caso solo hay un par más dentro de su clase, si llega.

¿No hay nadie que crea como yo que si con cinco años fomentamos que nuestros hijos se encierren en un universo propio, muy cercano en lo físico pero extramadamente alejado de nosotros en lo afectivo y lo personal, cuando tengan 14 se habrán ido tan lejos que, aliándose además con las hormonas en ebullición, jamás volveremos a recuperarlos?

Y esto solo es una parte del problema que yo, que soy muy rara, veo en esto. Pero también veo que la televisión marca estereotipos peligrosos, de niñas tontas y niños violentos, y que no tiene escrúpulos con horarios ni con contenidos, y que no fomenta el uso de un lenguaje variado ni de una reflexión interior (o ni tan siquiera superficial).

Cuando se dejan, les chantajeo: "si leéis un par de cuentos y me contáis de qué van, luego os llevo al cine". Volveremos a la pantalla, pero al menos será juntos.

Un abrazo fuerte (como los teletubbies).

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