miércoles, 19 de mayo de 2010

Por qué defender tus derechos cuesta tanto

Acabo de regresar de baile. Creo que ya he contado que me cambiaron a la profesora. Despidieron a la antigua porque era cara y la nueva es barata y peor, o al menos así lo consideran los más de cincuenta alumnos que se han dado de baja desde que se produjo el cambio. Pero la crisis es lo que tiene, que con su excusa se busca desesperadamente abaratar todo y, claro está, la cultura no va a ser menos. Además, soy una persona que dice lo que piensa; no me paro a considerar si mi opinión es políticamente correcta o si me va a ocasionar problemas. Pum, si me preguntan sobre una cuestión que tenga clara, soy sincera. Así que mucha gente sabe que opino que han conseguido cargarse mi escuela.

Algunas de mis compañeras lo creen igual que yo, pero se callan en público y hablan de respeto a la nueva profesora y de darle una oportunidad. Yo ya se la di y , viendo los resultados, he cambiado a mi hija, que es un extrañillo bicho a quien entusiasma el baile español y odia a Hanna Montana, a otra escuela, mucho más cara y lejana pero más profesional que en lo que se ha convertido la nuestra.

Pero como mi aspiración es simplemente bailar y divertirme, yo decidí quedarme y esperar a ver si sucedía una de dos: o mejoraba la profesora o volvían a cambiar la empresa (porque al ser una escuela municipal, la empresa que la gestiona cambia cada pocos años). Eso sí, antes recogí muchísimas firmas entre los alumnos que, como yo, echábamos desesperadamente de menos a Maite, nuestra profe, para rogar al ayuntamiento que intercediera para que volviera. Y esto ha generado consecuencias.

Una profesora de baile suele tener mal genio y si no, se lo inventa, y la nueva ha concentrado hoy todo el suyo para intentar echarme de la clase delante de todas mis compañeras, unas muy amigas y otras simplemente conocidas, que miraban ofendidas unas, divertidas otras.

Y esto es solo por defender mis derechos. Y es que tengo derecho a opinar que la gestión de un servicio municipal está siendo pésimo por parte de la empresa adjudicataria y a decir que la antigua profesora era una profesional como la copa de un pino, pero eso no sienta bien. Sin embargo, asumo el precio de la sinceridad y de la valentía, por que lo que otras personas llaman falta de respeto hacia la nueva profesora, yo lo llamo falta de respeto hacia los ciento cincuenta alumnos a los que la que echaron inculcó el amor por esa cosa rara que es el flamenco, la guitarra y los palillos.

Y es que es muy difícil luchar contra lo que consideramos injusto o nos perjudica, porque al final siempre hay que dar la cara: la cara a una profesora cabreada que no acepta una comparación en la que sale perdiendo, a un jefe que te acosa, a un vecino que aparca siempre delante de tu puerta o a un inspector de educación que te dice que si no te gusta que el cole que te ha tocado no está terminado, te vayas al concertado, que no es muy caro. Pero yo seguiré haciéndolo, porque si no perdería algo mucho más importante y que valoro mucho más que aquello por lo que lucho: la dignidad.

Y esto me recuerda otra lucha, la de las míseras tarifas que pagan las grandes empresas de la traducción. A ver si tomo un poco de esa dignidad de que hablo y me planto un día de estos.
Feliz noche

sábado, 1 de mayo de 2010

Práctica de exposición oral

Me ha tocado la gran suerte de cerrar esta serie de “conferencias”, así que intentaré ser breve. Para centrar mi exposición, me he permitido tomar prestada una parte del artículo del escritor y periodista Arturo Pérez Reverte, ilustre letra T de la Real Academia de la Lengua, publicado en El Semanal en 2007, y que leeré porque mi memoria no es la que era:

“Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. […] No quiero que acabe el mes sin mentaros […] a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.
Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad […] y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana[…] pasando por alto que durante dos legislaturas, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada[…]. Y en cuanto al Pesoe, […] ahí están las reacciones oficiales, con una ministra de Educación […] capaz de afirmar impávida […] que el sistema educativo español lo hace muy bien y que no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente […] lo de que […] la gente […] que por fin va a sacar a España del hoyo vendrá en los próximos años, al fin, gracias a […] tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. […]

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.”

He pasado el artículo completo por si queréis echarle un vistazo.

En fin, tanto si se está de acuerdo con las numerosas opiniones que Pérez Reverte expone en este artículo como si no, lo cierto es que los resultados del informe PISA (que está formado por una serie de pruebas de áreas clave realizadas a alumnos de 15 años de países voluntarios, 65 en 2009, y estudia una amplia gama de resultados educativos) son demoledores siempre y dejan muy mal parada a la comunidad educativa española. Y también es cierto que este escrito expresa una preocupación generalizada de una parte considerable de la sociedad, hasta el punto en que en estos momentos se está intentando alcanzar un pacto en la educación que marque las directrices para superar los conflictos que, aunque para unos y otros no son los mismos, todos coinciden en que existen. Y es aquí donde comienzan ya las dificultades, puesto que tanto los meapilas como los lumbreras parten de puntos de vista diferentes a la hora de reconocer cuáles son y, claro está, si no se determinan con claridad los males, mal se podrán determinar los remedios.
Sin embargo, Reverte y muchos otros lo tienen muy claro. En su opinión, los principales problemas que sufre la educación y que se extienden a la sociedad actual son:
• La incultura generalizada en España.
• El bajo nivel académico junto con la escasa capacidad lectora y de expresión, y, por tanto, de análisis y de compresión de la realidad.
• La apatía y ausencia de la capacidad de crítica y de reacción.
• El objetivo político de perjudicar la escuela pública en favor de la privada, con todo lo que ello supone.
Y las causas:
• Menospreciar la enseñanza de las humanidades y la práctica de la lectura y del análisis inteligente tanto en las letras como en las ciencias.
• La introducción de una formación políticamente correcta pero coja en conocimientos y responsabilidades.
• La carta blanca de los pedagogos para elaborar sucesivas leyes de educación sin el consenso de los profesionales del ámbito educativo ni de los demás integrantes de la comunidad escolar.
• La falta de consenso para crear una reforma de la educación seria que valore los problemas y busque soluciones perdurables.
• La búsqueda del igualitarismo en la enseñanza en detrimento del reconocimiento del esfuerzo y la inteligencia, y el premio de la mediocridad.
• La falta de autoridad en las aulas.
Toda crítica merece y puede ser rebatida, sobre todo si es tan exacerbada como la de Reverte, pero también se basa en una percepción personal de una realidad que, en mi opinión, hay que estudiar y valorar para conocer hasta qué punto fundamenta la apreciación.
Permitidme por tanto terminar también del mismo modo que empecé, tomando prestada una idea de nuestro amigo Cándido con la que simplemente pretendo remover algunos sentimientos y hacernos reflexionar sobre el análisis del escritor, fin único de esta exposición:
“¿Creéis que esta es la mejor educación de las posibles?”
En la conciencia de cada uno está el plantearse esta cuestión y, si lo creéis necesario, reaccionar en la medida de sus posibilidades para rebatir sus argumentos, no solo ahora sino en todas las etapas de la vida, como estudiantes, como futuros profesionales y padres…, en definitiva, como ciudadanos conscientes.
Quizás podríamos empezar por meditar si la reducción de horas de clase a partir de tercer curso en nuestros estudios de Grado va a favorecer o a perjudicar nuestra formación, y actuar en consecuencia, rebatiendo así una de las críticas más indolentes del autor de Alatriste: la que se refiere a la apatía.

Muchas gracias.

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