domingo, 28 de julio de 2013

Un pez más en el océano: crítica de Prométeme que serás delfín y mi réplica


En Ciao, un sitio de recomendaciones y encuentro entre buceadores de Internet, una lectora acaba de publicar su opinión sobre mi novela «Prométeme que serás delfín». Según afirma, Desen es profesora de Educación Secundaria de la Comunidad Andaluza. La suya es la primera crítica abiertamente desfavorable que recibe esta novela; ella afirma: "lo siento, Amelia, pero a mí tu libro no me ha gustado nada".

Y hace Desen a continuación una crítica larga y minuciosa que podéis consultar haciendo clic en este enlace.

He agradecido ya a la lectora el tiempo invertido en seguir leyendo mi novela y hasta su esfuerzo por hacerlo mientras generaba en ella un enfado de la leche pero, además, he creído que ese tiempo bien merecía mi réplica, pues en su crítica me hace incluso algunas preguntas que yo he intentado responder. Sin embargo, el sistema no me permite replicarla en el lugar donde la publica, porque no escribo allí opiniones, así que lo hago aquí, con mi máximo respeto:
Hola, Desen:
Lo primero de todo, antes de darte la réplica, si me lo permites, a tu extensa crítica en Ciao, es agradecerte el tiempo y la molestia tanto en leer como en criticar. Vaya por delante decir que respeto profundamente tu opinión y que sé que, al leer, no podemos sustraernos de lo que somos, como tampoco lo hacemos al escribir.

Empiezo por el final porque me ha llamado especialmente la atención tu referencia a mi extenso trabajo y además me recomiendas dedicar más tiempo a aprender, reflexión con la que no puedo estar más de acuerdo. En mi opinión, nadie debería dejar de aprender nunca. Por eso te explico que una novela no se escribe en dos meses. Yo llevo muchos años escribiendo, más de veinte. Mis dos primeras novelas las escribí durante un período de unos tres años cada una aunque al final las he publicado casi al mismo tiempo. La novela que has leído y reseñado he tardado siete años en gestarla y publicarla. Siete. Es una obra muy meditada y su documentación y su redacción han sido meticulosas.  Escribir “La bruja de la luna plateada” me ha llevado dos años e incluso he dejado de trabajar unos meses (sin sueldo), cinco para ser exactos, para dedicar el tiempo y el esfuerzo que necesitaba para concluirla. En mi quinta novela llevo trabajando otros dos años. Como ves, no me tomo la escritura a la ligera, aunque quizás te lo haya parecido con la lectura de una novela que no te ha gustado nada.
Sobre las críticas puntuales que le haces a dicha novela, hay mucho más también que podría decirte pero solo responderé a las valoraciones que señalan un error en la documentación, en la verosimilitud o en la forma, y nunca en tus opiniones. Tus opiniones son tuyas y no tengo nada que argumentar al respecto.

En cuanto al laísmo, no voy a entrar en discusiones sobre lo que se considera aceptado por la RAE o si es un regionalismo o incluso una expresión de habla coloquial, como señalas, y si es aceptable o no incluirlo en una novela que transcurre en una determinada región (Madrid, en este caso, donde el laísmo no es habla coloquial, sino norma). Solo me gustaría explicar que todas mis novelas pasan por un proceso exhaustivo de revisión. Pero es cierto que todos somos humanos y que se nos escapan erratas. Corregiré, no lo dudes, la que tú señalas.
En cuanto a tu crítica sobre las experiencias de los personajes y sus opiniones que podrían no resultarte verosímiles porque crees que es imposible que se den en el mundo real, te diré que el mundo en el que vive cada cual es completamente diferente a veces al de los demás a pesar de que nos separen solo algunos kilómetros. Me gustaría también repetir que esta novela es un regalo para una amiga madre de un niño con TDAH. En lugar de responder a tus apreciaciones yo misma, podría darte su teléfono para que ella te rebatiera cada uno de tus argumentos en contra de la verosimilitud de lo que escribí. Cada uno. Punto por punto. Pero esa no es la finalidad de mi novela. Su finalidad no es generar una guerra entre padres y profesores y por eso mi amiga tampoco querría, como yo, entrar en ese debate. A ella, y por extensión a mí, no nos interesa eso, lo que nos interesa y lo que me ha movido a escribir una novela como esta, que es ficción pero podría ser realidad en la Comunidad de Madrid donde transcurre, es precisamente mi interés y el suyo porque se conozca lo que es el TDAH y, si es posible, de paso intentar luchar por que dejen de existir profesoras parecidas a Adela. Porque las hay. Y si no conoces ninguna y tú misma, por supuesto, no lo eres, me alegro profundamente. A mí también me gustaría no haberlas conocido nunca.

Sobre lo que mencionas de la página 94 ([…] una profesora, bastante "veterana" discute con otra y en su discurso le dice: " A mí no pueden echarme, aunque no haya un duro, haga lo que haga seguiré aquí. Ni con la que está cayendo se atreven a meternos más horas como a los demás". A todos en el pasado curso (independientemente de la antigüedad en el puesto) nos han caído dos horas más de clase a la semana […]), te recuerdo que las protagonistas son profesoras de Educación Primaria en la Comunidad de Madrid; aquí al menos en Primaria, el aumento de esas dos horas se ha establecido a través del cambio del límite en las horas semanales de clase: antes el máximo eran 25 y ahora ese es el mínimo. En la práctica, lo que ocurre es que algunos profesores siguen dando 25 horas, igual que antes, según lo que se haya determinado en cada centro.

En relación con lo que indicas de la página 124 ( […] “como era interina nadie había ido a buscarla hasta que terminó la reunión”. Me gustaría dejar claro, que aunque en la novela se plantean diferencias en el trato a interinos y a funcionarios, en la práctica eso no es así, y en general, no suele establecerse diferencia alguna en el día a día y en la realidad de los centros entre unos y otros, no los tratamos de distinta forma y por supuesto no los marginamos.”), también podría darte el teléfono de profesores que tienen otra experiencia diferente de la tuya, interinos, obviamente.

 Respecto a tu pregunta de la página 125 (“el presupuesto se lo habían gastado en poner profesores un poco bilingües”, ¿a qué se refiere con un poco bilingües?, uno puede ser bilingüe o no serlo, pero un poco…): un profesor “un poco bilingüe” es aquel que da clase en un Colegio Público de Educación Infantil y Primaria Bilingüe de la Comunidad de Madrid pero su conocimiento del inglés no llega al nivel mínimo para considerarse bilingüe según el Marco Común Europeo. La definición de bilingüismo en la Comunidad de Madrid es variopinta según el colegio al que acudas y no suele coincidir con la que se da en Lingüística que, a pesar de las múltiples discrepancias, hace referencia al conocimiento similar al de un nativo de un idioma (aquí te dejo un enlace donde se explica muy bien a lo que me refiero con profesores “un poco bilingües” en la CAM: http://ampalalatina.wordpress.com/2012/06/04/carta-abierta-al-ministro-wert-sobre-los-programas-bilingues-de-ingles/).

Sobre tu comentario acerca de los equipos de orientación (“Otros que salen muy mal parados a lo largo de esta historia son los equipos de orientación, yo no puedo hablar por todos los colegios ni por todas las comunidades, pero donde estoy hacen una labor muy buena, algunos casi extraordinaria, y quiero dejar claro que LOS EQUIPOS DE ORIENTACIÓN SÍ ATIENDEN A NIÑOS CON PROBLEMAS, y de todo tipo. […]. En el libro no sólo se plantea al revés, sino que además se da el caso de que el personal sanitario y de salud mental nunca puede contar con el equipo de orientación.), me gustaría decir que eso no es lo que se trasluce en la novela. La madre sí puede contar con el equipo de orientación; después de luchar mucho por ello, lo consigue. Por descontado que en la realidad existen equipos de orientación que atienden a niños con problemas y que disponen de excelentes profesionales. Precisamente en la documentación de esta parte tuve la valiosa ayuda de la Directora de uno de esos centros de la Comunidad de Madrid, psicopedagoga, psicóloga y terapeuta, de quien sí te puedo proporcionar el nombre y el teléfono. Ella sabe bien cómo funcionan aquí estos servicios y también lo que está ocurriendo ahora con los recortes en la política educativa.
Sobre tu apreciación del punto 1 acerca del TDAH (Sobre los niños hiperactivos se dice en varias ocasiones además que la consigna de Consejería es que repitan […] No sé que directrices son esas, pero en mi centro y en los que conozco no las hemos recibido. Es más, durante este curso y el anterior yo he tenido dos alumnos con TDAH, y salvo algunos problemillas puntuales en general el curso les ha ido bien, reciben un trato adecuado y ayuda de especialistas […]) , no tengo ninguna duda de que existen profesores que tratan bien y profesionalmente a niños con TDAH y con muchos otros problemas. Si no fuera así, no estaríamos viviendo en un país que se dice civilizado. Pero esa directriz en particular existe en la Comunidad de Madrid o al menos así me lo indicaron las profesoras con las que confirmé dicha circunstancia, en privado. Otra cuestión diferente es que dichas profesoras sigan siempre la recomendación de la Consejería, como bien se refleja en la novela, y que dicha recomendación esté expresada por escrito. No olvides, además, que, según indicas, tu experiencia se limita al ciclo de Educación Secundaria y que toda la trama de mi novela se desarrolla en un colegio de Educación Primaria y debe de haber muchas diferencias. Y también, repito, estamos hablando de una novela. No podemos olvidar esto: es ficción. No es un reportaje ni una crónica ni un artículo periodístico, es una novela y no todo lo que en ella ocurre tiene que ocurrir también en la vida real.

Sobre el punto 2 acerca del TDAH (Los datos que se dan sobre TDAH y TDA no se corresponden con la realidad, [...]. Pero yo creo que, sin pretenderlo, en esta novela Amelia puede alarmar a los padres que tengan hijos con esta patología, porque en manos de especialistas, diagnosticados a tiempo y bien atendidos en una misma clase integrados junto al resto de sus compañeros estos niños no han de tener ningún problema. Hay que saber atenderlos, y comprender que les cuesta, y en ocasiones no pueden (incluso estando medicados) estar una hora quietos, prestándote atención y sin levantarse, en estos casos yo aprovecho para enviarlos a por alguna cosa, que borren la pizarra, que me ayuden a colgar unas láminas... ), solo puedo decir de nuevo que, por suerte, la experiencia de todas las familias que tienen un hijo con TDAH o TDA no es la de Sofía y sus padres. Mi intención no solo no es asustarlos sino que lo que he pretendido con esta novela es apoyarles, visibilizar el TDAH, y algunos de los problemas a los que se enfrentan, y con esa visiblización, favorecer el que la sociedad exija que los niños con necesidades educativas especiales sean tratados como se indica en la ley. Por supuesto que no deseo alarmar a los padres sino todo lo contrario, mi novela está llena de esperanza. Aunque será la experiencia y la sensibilidad del lector las que le permitan llegar a vislumbrarla, mi interés es que estuviera.

Con respecto al comentario que haces sobre el inhumano castigo de Adela sobre Sofía, opino que las circunstancias de cada persona son intransferibles. A ti no te resulta creíble y yo, en este medio y en este momento, solo puedo decirte que hay muchas razones que pueden llevar a unos padres a no denunciar un maltrato así y que, si esos padres así lo deciden, es muy raro que los padres de los demás alumnos lo hagan. En cualquier caso, te recuerdo que es una historia ficticia y el que la creas o no depende de tu lectura y de tu subjetividad. Tú no lo crees y yo sí, pero en cualquier caso eso no determina el que la novela sea buena o mala, de nuevo, no es más que una ficción.

Para ir terminando, me gustaría que mi réplica no fuera más larga que tu crítica, te diré que no he leído el libro de Mark Haddon pero que me lo apunto como lectura pendiente; y sobre todo me gustaría terminar aclarando que espero que no hayas llegado a la conclusión de que en “Prométeme que serás delfín” pretendo hacer una apología de la violencia contra el profesorado. Nada más lejos de mi intención, de hecho hay incluso una crítica explícita a ella. Creo firmemente en la labor de los profesionales de la educación como instrumento imprescindible para crear una sociedad de delfines. En la vida real existen muchísimos profesores como Rodrigo o como Luz. Sin embargo, yo escribo una novela y los lectores leéis la novela que deseáis.
Cordialmente,

Amelia

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