jueves, 29 de octubre de 2015

La tierra baldía, T. S. Eliot

Ando mal de los nervios esta noche. Sí, mal. Quédate conmigo.
Háblame. ¿Por qué nunca me hablas? Habla.
En qué estás pensando? ¿Qué piensas? ¿Qué?
Nunca sé lo que piensas. Piensa
Pienso que estamos en el corredor de las ratas donde los hombres muertos perdieron su huesos.
O bien:
¿Eres realmente una tonta, le dije.
Bien, si Albert no te deja tranquila, ahí lo tienes,
¿si no quieres tener hijos para qué te casas?

Estos son versos elegidos al azar. Simplemente los uso para intentar demostrar que leer Tierra Baldía es la pura posmodernidad, o lo que le sigue. En su momento, rompió con la tradición poética pero aún hoy esa tradición continúa rota. No ha conseguido pegar sus fragmentos todavía:

En este arruinado agujero entre montañas, 
a la leve luz de la luna, la hierba canta
sobre tumbas caídas, en torno a la capilla
está la capilla desierta, que sólo el viento habita.
No tiene ventanas y la puerta balancea,
los huesos secos no dañan a nadie.
Tan sólo un gallo sobre la viga mayor
qui qui quiriquí qui qui quiriquí
a la luz del relámpago. Luego una ráfaga húmeda
trayendo la lluvia.
¿De verdad este poema ha sido superado por algún otro décadas después? Quizás imitado pero ¿la poesía actual alcanza la genialidad, la mezcla de pasado y de futuro, la intensidad del grito por el hombre y su soledad, o la originalidad que consiguió Eliot en estos versos? Sus estrofas parecen formar un puzle de fragmentos de toda la literatura universal, que el autor dominaba, a modo de mística reflexión sobre la vida, la muerte, la miseria de la decadencia a la que se enfrentaba su mundo, al que también se enfrenta el nuestro (¡de ahí su actualidad!); en forma de piezas sin orden ni concierto. No lo busca, no lo hay. Si lo encuentras, quizá es que lo inventas. Intensamente lírico a veces, payaso otras, doloroso casi siempre, lleno de heridas abiertas, de canciones, de miserias, de contención frente a la adversidad, de "basura pétrea" en forma de conocimiento de "imágenes rotas". Epatado, el lector solo puede seguir leyendo para demostrarse incapaz de conocer o ni de tan siquiera transgredir las reglas de ese universo que Eliot crea para sí mismo y al que nos permite entrar solo como visitantes, cual astronautas en Marte. No reinaremos nunca en él, porque no lo concibió para ello. Y eso que nos perdemos; aunque lo leamos en su idioma original, con la musicalidad con la que fue concebido, seguimos perdidos. Estupefactos, intentamos seguir sus huellas, sin conseguirlo, por supuesto, porque nadie puede rastrear los vestigios de lo etéreo, lo espiritual, lo secreto, lo inalcanzable, lo místico, lo antiguo mezclado con lo más nuevo. 
           Llena de continuos cambios de registro; bandeándose entre mundos distintos, profecías o mitos, la Antigüedad, la sátira; dolorosa casi siempre y desencantada; la poesía de Eliot resulta demasiado oscura para penetrarla, pero de una oscuridad brillante en la luz de su impenetrabilidad: en ello parece radicar su magia. 
         Quizás en busca de nuevos derroteros, Eliot recurre en Tierra baldía a la tradición de Shakespeare, de Dante, de la literatura artúrica, y las reinterpreta todas, extrayendo de ellas lo que le interesa y lo que solo lectores extremadamente versados en sus categorías, casi "neuménicas", en sus símbolos, en sus formas, son capaces de discernir y captar.

El Ganga iba bajo, y las flácidas hojas
Esperaban la lluvia, mientras las nubes negras
Se amontonaban en la distancia, sobre Himavant.
La jungla se agachó, encorvándose en silencio.
Entonces habló el trueno. 
¿No se remonta Himavant a la tradición védica, a la India de la antigüedad? Es la personificación del Himalaya, que aparece en la épica Mahabharata, el padre de la diosa del río Ganges, Ganga, y de Parvati, la esposa de Siva. Pero Eliot lo usa como corolario de su poesía, poco antes de sentarse a la orilla a pescar, con la árida llanura a su espalda, para poner sus tierras en orden y ver cómo se cae el Puente de Londres, "se cae, se cae" e invocar a la golondrina y a aclamar que Jerónimo vuelve a enloquecer. Porque "Abril es el mes más cruel".
        Las cinco partes en que se divide el poema parecen los laterales de una mesa de Ouija ante la que el lector se sienta tomando entre sus manos el puntero que le llevará a través de las letras a ahondar en otros espíritus pasados y aventurarse al futuro. Las referencias culturales son tan ricas y complejas que solo aquellos con ojos avezados en su complejo y fecundo mundo literario, filosófico e intelectual pueden darles caza, identificarlas y desentrañarlas. Llegar a cruzar el lago en la barca conducidos por Caronte. La mayoría, nos quedaremos al otro lado con un palmo de narices intentando tan solo intuir los espíritus. Dicen los entendidos que el mito artúrico reina en el poema, intentando constituir un retrato del ser humano. Por eso, a partir de aquí acudo a estos expertos para descubrirlo y revelar sus claves . La característica más importante del poema sería, según Osorio, su simbología, que sirve como repositorio de donde sacar las imágenes para formar el universo poético de Eliot: la tierra baldía es la tierra del Rey Pescador enfermo. Así, se puede encontrar cierta relación entre este poema y James Joyce por cuanto ambos acudieron al mito: al Ulises uno y a la leyenda artúrica el otro. Son estos los cimientos de su simbología. El Grial, concebido entonces como el símbolo de la búsqueda de respuestas del ser humano, la necesidad de huir de su vacío. Así, el desarraigo y la soledad del hombre de entreguerras, del hombre contemporáneo, se vislumbra en esta tierra poética. Existen, según Osorio, diferentes elementos del mito del Grial en el poema: "la esterilidad del rey, el simbolismo sexual que poseía la leyenda antes de ser incorporada a la tradición cristiana, la infidelidad de la reina Ginebra, el viaje a la Capilla Peligrosa". No esenciales para el poema, porque solo suponen su punto de partida y engrudo que la cohesiona, pero con importantes significados. Es el poema entero una referencia a ese mundo oscuro, en decadencia, en declive. Y esta es la razón última de su tremenda actualidad, por la que aún desgarra la poesía actual: nos sigue describiendo. Todos esos versos que, casi siempre, permanecerán sin descodificar en la mente del lector, todas sus variadas y múltiples referencias, sus significados, sus orígenes que quedarán sin desvelarse más que a los eruditos nos demuestran nuestra pequeñez, al tiempo que nos deslumbran con su grandiosidad. Nos enseñan que somos muchos, entremezclados, en la mística de Oriente y de Occidente. De ahí también los versos en alemán, en italiano y en francés que algunos no entenderán (¿y para qué están entonces si no es para demostrarnos nuestra propia estupidez?) como tampoco sabrán que abundan los versos de autores clásicos (Baudelaire, Dante, Shakespeare, Nerval), junto con los numerosos mitos del antiguo mundo grecolatino (Tiresias, Filomena, Tereo, Diana, Acteón), el misticismo de uno y otro mundo (Sermón del Fuego, San Agustín, los apóstoles) y, a la postre, el ser humano representado aquí en toda su complejidad. Por ejemplo, a través de la figura de Tiresias, que reúne en sí mismo a  hombres y a mujeres, al pasado, al presente y al futuro, aunque se termine confundiendo con otros personajes, en esa amalgama que nos aturulla al tiempo que nos maravilla. Parece que Eliot busque confundirnos, como si de una Torre de Babel en verso se tratara, como si el vacío, la soledad y la incomunicación fueran lo que en realidad le importaran, como si sus versos buscaran respuestas ante el caos y el abandono, ante la soledad y el ocaso, y nos sigan emocionando porque ni siquiera hoy se han hallado.
   
          La estrella cínica, mística, escéptica, irónica, grotesca e iconoclasta del "modern movement" que dinamitó el mohoso mundo victoriano sigue brillando.

Bibliografía
T. S. Eliot, La tierra baldía, trad. Juan Malpartida, Círculo de lectores, Barcelona, 2001
Olga Osorio, Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid, disponible en  https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero20/eliot.html, consultado el 12-10-2015
Jordi Llovet y otros, Lecciones de literatura universal, Cátedra, Barcelona, 2012. págs. 997-1007 



2 comentarios:

  1. ¿Y no podrías haber sido tú mi profesora en la facultad y haberme hecho amar este libro? Sé que debo coger este libro de la estantería y volver a leerlo. Porque en su tiempo sí que aprecié la calidad de sus versos, sí que llegué a ver sus poderosas imágenes, sus acertadas reflexiones, pero, quizás por la obligación de la lectura, quizás por las tediosas clases, no llegué a disfrutarlo.
    Besotes!!!

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  2. Quizás puedas darle otra oportunidad y leer solo aquello que te atraiga. No es necesario leerlo entero. Eliot era un genio y a los genios no se les puede seguir con el intelecto, hay que hacerlo con "el alma" (y perdona la tontería ;)
    Un beso.

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