domingo, 1 de noviembre de 2015

Un velo sobre los ojos




¿Qué tienen los escritores que me gustan? Una mirada propia. Un mundo interior rico y una forma de expresarlo diferente. Y si, cuando hablan, esa singularidad no se les ve de algún modo, me resultan impostores. Eso me pasó en Getafe Negro con algunos, sobre todo con tres mujeres. Me dio la sensación de que no debían estar allí, que no eran lo que querían parecer. Su discurso me dio la sensación de simular un simple "postureo" fácilmente desenmascarable.

Pero me resulta muy curioso que eso me pasara justamente con mujeres y no con ningún hombre. Ayer asistí de refilón a una discusión entre Lorenzo Silva, comisario del festival de novela negra que ha concluido hace una semana, y Laura Freixas, escritora, editora, ensayista, etc., en Twitter a propósito de una mesa de las de Getafe Negro en la que uno de los invitados, David Becerra (crítico literario y ensayista), criticaba que no hubiera ninguna mujer en dicha mesa. Yo asistí a muchas de las mesas del festival y puedo confirmar que la presencia de mujeres era amplia, mucho más de lo que suele ser habitual en cualquier otro ámbito profesional o cultural, quizá de un 40% frente a la masculina. Pero todo esto viene a cuento por mi siguiente pregunta: si yo misma vi en ellas mucho más que en ellos esa "impostura", esa falta de preparación ante un tema determinado para el que fueron invitadas a hablar, mientras que ellos me resultaron más brillantes, ¿es que estamos programados para eso? ¿Somos siempre más críticos con las mujeres? ¿Estamos acostumbradas a minusvalorarnos a nosotras mismas? ¿O fue una percepción realista y no quiero aceptarla por el hecho de ser también una mujer? 

Dice Jenn Díaz hoy en un artículo de Jot Down Magazine que las mujeres que destacan son invisibles. Las sociedad las invisibiliza resaltando siempre su cualidad de madres o cualquier otra que no sea alguna con relevancia en un mundo de hombres. Me resisto a creer que eso sigue siendo así pero me encuentro yo misma juzgando inferiores en su discurso precisamente a algunas mujeres, ¿por qué? ¿Fueron realmente en esas mesas menos lúcidas que los hombres o lo parecieron porque los temas de los que tenían que hablar se circunscribían más al ámbito femenino? No lo sé pero desde hoy estaré más atenta a mis propios prejuicios. Es imprescindible para acabar con esa invisibilidad de la que habla Jenn. 

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