jueves, 31 de marzo de 2016

Dime qué lees



Eso me preguntan muchas veces mis lectores. La respuesta es larga. Leo de todo y a todos. Y nunca imaginé que aquellas lecturas de las pegajosas tardes de verano sin nada que hacer (vivía en un pueblo de Madrid donde solo había renacuajos en las fuentes y en las fuentes nos bañábamos), poblarían luego mis novelas. Ahora es obvio, eres lo que lees, literariamente. Y yo leía los libros más gordos o los que salían antes en versión barata, cuanto más, mejor, para que el viaje a la biblioteca o el dinero que mi madre se gastaba se estirara. Así descubrí a los realistas rusos (aún conservo las obras de Dovstoieski en tapa dura por apenas trescientas pesetas), a Tolstoi, a los franceses más grandes... Pero enseguida llegué a otras lecturas más pequeñas. Mi madre me apagaba la luz cuando ella se iba a la cama y yo esperaba a que se durmiera y entonces volvía a encenderla con Matute, Víctor Hugo, Lucy Moude Montgomery, Jane Austen, Carmen Martín Gaite... También leí, y mucho, a Stephen King, en la universidad lo leía todo el mundo, los ingenieros son así, con la cabeza tan en su sitio que luego necesitan que les hagan imaginar a golpe de fantasía macabra.

    Después, a medida que fue creciendo y dejando atrás aquellas fuentes (las de los renacuajos), y sobre todo desde que empecé a estudiar Humanidades ya de adulta, descubrí los autores que leo sabiendo lo que leo. Han llegado para quedarse. Incluso ahora, Ana María Matute sigue siendo de mis preferidas, cada uno de sus párrafos me gustaría haberlo escrito yo; cuando me pierdo, vuelvo a ella. Pero se le han unido muchas: Elsa Morante, Ángeles Mastretta, Carol Joyce Oates, Jeanette Winterson, Clarice Lispector, Margaret Atwood, Margaret Mazzantini, Simone de Beauvoir. ¿Y por qué ahora me interesan estas mujeres? Del mismo modo que me interesa la vida, porque soy mujer y me doy cuenta de que me acerqué a la escritura porque quiero saber más sobre lo que soy y cómo soy, y todas ellas reflejan ese universo femenino que me encuentro descubriendo cada día. Y a través de lectura avanzas en ese despertar imprescindible.

      También me pregunto por qué no supe de ellas antes. No todas son actuales y muchas eran invisibles. Casi igual que ahora. Resulta patético comprobar cómo las escritoras siguen siendo ninguneadas, apenas citadas, apenas criticadas, apenas valoradas; ¿cuántos libros de escritoras son de lectura obligatoria en el instituto? No es que esté a favor de obligar a un adolescente a leerse El Quijote, pero sorprende que no existan muchos equivalentes femeninos. A pesar de que las lectoras son mayoría (muy interesantes al respecto, por ejemplo, son este estudio o este otro). La respuesta es complejísima, aunque fácil de imaginar.
     
   ¿Me descubres tú también algún autor que te apasione?

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